jueves, 26 de junio de 2008

pasos vertiginosos


El acorde de la ocarina filtraba las voces humanas, los gritos y chirridos de neumaticos. Pero Athys, el primogénito de La Supay, jamas sospecharía que los mismos sonidos serían prostituidos por una máquina sintetizadora, una centurias después.

Ahora el aire sonoro arqueaba su garganta, soplaba hacia la penumbra de sus bronquios, y se instalaba en sus pulmones para salir en forma de cánticos sagrados en medio de las plantaciones de giracinos, adonde acudía con su ballesta a cazar porcinos salvajes para fertilizar la ciénaga.

Los pasos iban vertiginosos hacia ninguna parte protegidos por inmensos sacos negros sobrevolando tobillos, venteando vidrios y asfaltoS.

La ciénaga en el Siglo Prerosagrana contenia sonidos puros, instrumentos de madera sonora, bocas dispuestas al acorde.

Luego se iría tranformando paulatinamente en un infierno de ordenadores donde todos los artefactos llegaron a autoreproducirse hasta la demencia y el incendio amoniacal. Finalmente llegaron a adulterar las formas humanas.

miércoles, 25 de junio de 2008

Pérfida clepsidra


La ciénada de los inicios del Siglo fué fertilizada con giracinos, semillas de girasoles con pelos de porcinos. Las hordas, luego de ingerir la deliciosa carne de los cerdos salvajes y jabalíes que poblaban pesadamente las praderas, sacrificaban innumerables hojas de girasoles en rituales donde se derramaban impiadosamente, la savia vegetal de estos indefensos organismos.
Chorreantes del verde líquido vivificante, los humanos hórdicos se entregaban a largas orgías que consistían en decapitar con ferocidad, las altas plantaciones de girasol que miraban hacia el oriente cuando la clepsidra les marcaba un horario vespertino o nocturno.
Dicese que estas ceremonias unían y daban cohesión a los grupos que muchos siglos después, se fueron recorganizando en tribus en torno a otras víctimas ceremonias, como la soja o los viñedos de cepa enana.
Estas bacanales se pierden en los confines del tiempo. Solo podemos aquí sorprendernos con detalles baladíes cuyo anecdotario es bien comentado en anónimos cafés literarios y tabernas de mala muerte.
Algunos escribanos y boticarios aún sostienen que todo se trata de un delirio barrial originado por la falta de hechos políticos relevantes.

martes, 24 de junio de 2008

Horizonte


Así la tribu siguió avanzando sin fin, hacia un horizonte escurridizo donde una rosa negra difuminaba su tentación de pétalos.
Eran seres resistentes al calor y la contaminación acústica, sin embargo, a medida que se acercaban en tropeles a la rosa, un incendio líquido brotaba de sus vasos. Los corceles blancos iban manchandose de un carmesí lascivo que chorreaba hasta sus ijares soberbios dándoles un aspecto irreal.
El ritmo cardíaco de los galopares se volvía ensordecedor...

lunes, 23 de junio de 2008


¿Desde cuando este vagar de genes por las piernas de guerrero paleolíco de sus padres, por los vientres fértiles como Eleusis de sus abuelas?
Algo le decía que sería él, Athys, quién organizaría las hordas dispersas entre obeliscos y bosques de gigantes.
No bajaría de ninguna montaña con un decálogo ni había sido rescatado de las aguas, como tantos...
Era de una generación de artistas urbanos deambulando entre la fetidez de los subterráneos y el deseo de un aroma de manzanos que nunca más deleitaría su olfato.
La nostalgia se le había incrustado entre los omóplatos como dos manos de mujer sangrando, ya no deseaba y su idea de pantano lo perseguia en sueños como un viento saturado de luciérnagas y saurios...
Giró en su caballo y regresó hacia las torres de la acrópolis pensando en su madre.

caballos a caballo hacia las torres


Hacia las torres sobrevuelan sin pasos, montados en sus agendas y celulares, caballos a caballo, relucientes, marchan...
Yo los veo irse manchada de betùn y tinta china.
¿aAonde acuden sus gamulanes negros, sus zapatos de equinos alfombrando las veredas de la 'megaurbe' erizada de bocinas y fracasos de amor?

Ancestral y pobre


Bajo estos vientos solares, yo elijo el turno de la noche.
Me sé víctima de la clepsidra que Cronos viola sin contemplaciones, pero soy victimaria en estas calles mojadas por una lluvia antigua como Las Parcas que hilan ciegas y cansinas, un destino que ignoro...
Me gusta la noche granate, su flujo violento y dócil a mis cartones donde escribo ésto, ya sin forma, pegoteada de papiros y ratones, a la luz pobre de una vela retorcida.
Y pienso... como disfruto ser polizonte en esta ciudad de ilustres escribas y malevos con princesas de colágeno. Y corbatas con sobretodo, zapatones con paraguas siniestros hacia las 'torres del Abasto'.